Microcuento

 

Canta el ruiseñor parado en una ramita y su gorgoriteo se oye desde lejos. Su plumaje oscuro brilla con el reflejo del sol mientras empina la cabeza para dejar salir unas notas. Cierra los ojitos y vuelve a entonar su canción que deleita los oídos de quien oye la dulce tonada. Caen lágrimas de sus ojos negros, mientras vuelve a afinar la melodía. Encerrado en una jaula de oro purga su condena, culpable solo de embelesar a su captor.

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